OPINIÓN: Una fortuna bajo tierra

OPINIÓN: Una fortuna bajo tierra

La gobernadora Rosana Bertone apenas inició su gobierno priorizó la concreción de obras muy atrasadas de infraestructura básica. Destinó un presupuesto millonario en agua y saneamiento. También reforzó el soporte energético de ciudades que crecen y consumen a tiempos vertiginosos. 

Las obras de infraestructura de servicios no tienen buena fama en política. No rinden al igual que obras que se ejecutan e inauguran en el corto plazo. Por eso el esfuerzo para invertir en redes de agua, gas y cloacas, precisan de mayores esfuerzos de comunicación. 

Los Gobiernos tienen el problema de cortar la cinta de un caño que está enterrado un metro bajo tierra. A ninguna red de servicios se le asigna nombre, a diferencia de una avenida, centro cultural, plaza o gimnasio. Lo cual es un esfuerzo extraordinario para un gobernante optar por inversiones mucho más onerosas y que no rinden de igual manera que las obras multimostrables. En definitiva, inversiones que se hacen y no se ven.

Pero es un error subestimar los impactos de llevar servicios a sectores donde no existían. A diferencia de repavimentar una avenida, el tendido de servicios básicos como luz, agua, gas y cloacas, entran en cada uno de los hogares, a la vez que son la base para toda infraestructura comunitaria: centros de salud, escuelas, comisarías y demás formas de presencia estatal, que dependen de éstos para su habilitación. Lo mismo sucede para atraer inversiones y generar mayor empleo. Es una obviedad decir que ninguna empresa se radica sino tiene la condición mínima para abrir sus puertas y producir, o que una multitud de hoteles no pueden recibir turistas si el agua se corta en algún momento de la temporada.  

En tiempos de crisis, el esfuerzo es aún mayor. Los Gobiernos que optan por estos caminos producen resultados más consistentes en el mediano y largo plazo. A su vez, son verdaderamente progresistas.

Sin dudas, es una buena opción este camino de inversiones. Repasemos los hechos concretos que produjo la Gobernadora Rosana Bertone en un año y medio de gestión: puso en marcha una planta sanitaria que estaba construida y abandonada en Tolhuin desde 1994, y ya lleva terminados tres nuevos troncales sanitarios en la ciudad centro de Tierra del Fuego. En el mismo lapso relocalizó una segunda planta sanitaria que se está rehabilitando para entrar en régimen en los próximos meses. En agua sucede otro tanto. Hacia finales de 2017 se trasladará al corazón de la isla un segundo módulo potabilizador, de manera tal de duplicar la capacidad de producción de agua en la ciudad. Pero falta mucho más por hacer en el centro del territorio que se recibió absolutamente desinvertido. 

Una expansión inédita de obras de agua y saneamiento se está produciendo en Ushuaia en el mismo periodo.  Ya está en marcha la ampliación de la Planta Sanitaria ¨Bahía Golondrina¨, comienza después del invierno la construcción de la nueva Planta de Tratamiento de Efluentes en la desembocadura del Arroyo Grande, a la par que se han adjudicado obras para construir troncales sanitarios entre un extremo al otro de la ciudad. Esto indica que la capital fueguina dejará de contaminarse por coliformes fecales al finalizarse esta batería de nuevas obras. 

Sí, al contrario de lo que venía sucediendo, un aluvión de obras que no se habían realizado en las últimas décadas están aconteciendo. 

El mismo esfuerzo sucede con la infraestructura para producir agua potable: la ampliación de la Planta Potabilizadora ubicada en el ingreso al Valle de Andorra acaba de ingresar en su última etapa de construcción, y en los próximos meses incrementará su producción de 125 a 175 litros por segundo. En la Planta ubicada debajo de la reserva hotelera sucede otro cambio profundo con una obra que va a modernizar integralmente su proceso de cloración, tendrá por primera vez en su larga vida un cerco perimetral, y se la rehabilitará integralmente. Junto con esto, ya funciona a pleno la nueva Planta Potabilizadora en el Río Pipo que llevaba meses de atraso de pago a diciembre de 2015. 

Bertone no aparece a diario al lado de estas obras, y no hay un proceso de bombardeo multimediático de su figura en temas que son una deuda para con la población de Tierra del Fuego. Un claro ejemplo de los resultados que se han alcanzado en tan corto lapso es la habilitación de una nueva obra de ingreso de agua al Valle de Andorra, que abastece de agua corriente a más de un millar de vecinos y esto no afectó a ningún otro sector de la ciudad. Es decir: una ciudad que tenía déficit de agua paso en menos de dos años a expandir virulentamente su capacidad de nuevas conexiones domiciliaras. 

Sin embargo, la Gobernadora opta por la cautela para no anunciar otro paquete tan o más significativo de obras que están en proceso de diseño, pero que faltan varios meses para su inicio efectivo. Responde a otra inteligencia de gestión. 

La decisión de invertir bajo tierra y garantizar cuestiones elementales demuestra la disposición de un gobierno en afectar recursos públicos en temas centrales. 

Ahora, quiero volver a las inversiones subterráneas. La gestión estatal debiera ser una cosa seria, planificada y profesionalizada para cumplir sus fines. A pesar de esto, la tentación por la fotopolítica (el hecho construido para ser fotografiado e hiperviralizado) es grande. Hay que reconocerlo. Tomar la decisión de llevar adelante una obra que durará aproximadamente dos años es importante. Implica que el corte de cinta viene en ese largo final. Pero esto mismo habla de otra concepción del accionar político. 

Los votantes demandan, con todo derecho, resultados palpables. Reclaman un Estado presente para resolver problemas que tienen una escala imposible de resolver de manera individual. Allí el Estado tiene el monopolio. ¿Quién más puede reparar las calles, ampliar colegios, recolectar y tratar la basura, generar y distribuir energía, ampliar los cupos de gas en una provincia sub 10 grados durante la gran mayoría del año, y otras tantas funciones irremplazables?

En Argentina casi el 20% de los habitantes no tienen acceso a agua potable. Una de las provincias con la mayor cuenca hídrica del país tiene el porcentaje más alto de viviendas sin conexión al agua de red. Lo de Misiones se explica en la falta de inversiones, y no de agua. El segundo lugar en ese triste ranking lo tiene Buenos Aires, otra provincia rica en recursos, pero empobrecida en inversiones de infraestructura básica para los sectores que más precisan del Estado. 

La falta de agua es falta de dignidad. Vivir entre las cloacas o con el ambiente dañado y con riesgo a la salud de la población por no haber invertido en el sistema sanitario en una aberración que no debiera permitirse. Si falta el agua en algunos barrios y sobra la contaminación es porque faltaron obras para que esto suceda. Por lo que hacer obra pública es colocar recursos en el presupuesto para que las obras se ejecuten. Lo demás es poesía. 

Según el INDEC, Tierra del Fuego está entre las tres provincias con mayores salarios, a la vez con mayor cantidad de empleados públicos por cantidad de habitantes. Lo descabellado es que Tierra del Fuego se ubica entre los tres distritos donde más aumentó el número de hogares sin acceso a agua corriente hasta la asunción de Bertone como gobernadora. Se compartía podio con CABA y Santa Cruz. Claramente un error en la distribución de recursos. 

La DPOSS no hacia prácticamente obras de agua y saneamiento hasta el inicio de la gestión Bertone. Pero a junio de 2017 lleva licitadas obras por más de 700 millones de pesos, y tiene presupuestado efectuar entre 2016 y 2018 más 1500 millones de pesos entre San Sebastián, Rio Grande, Puerto Almanza y Ushuaia.  En diciembre de 2017 al menos 20 obras de agua y cloacas estarán en marcha. 

Invertir en llevar agua y servicios sanitarios a los domicilios es también invertir en la salud de la población y la calidad ambiental. En estos 18 meses ya no se cortan las clases en los establecimientos educativos en el Valle de Andorra por falta de agua corriente. También es derecho a la educación. 

Hay un desafío descomunal todavía. Mucha gente sufre por no tener agua potable y espera que un camión le acerque migajas por semana. Otro tanto sigue pasando con las cloacas. Pero el escenario ha cambiado notablemente. 

A la par de hacerlo, hay que contarlo. En definitiva, millones de fondos públicos se están invirtiendo metros bajo tierra. Y los fueguinos tienen derecho de saber hacia dónde van sus recursos, sobre todo, si están construidos debajo de la tierra que nos cobija.

 

(*)Presidente de la Dirección Provincial de Obras y Servicios Sanitarios

 

 Autor : Guillermo Worman (*)

 

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